Pintura: George Hyde Pownall
Papá decía que una vez, hace mucho tiempo, se enamoró perdidamente de una acróbata de un circo argentino que había desembarcado en su pueblo natal, Támesis. Se quitó los lentes y los abandonó sobre el mesón de cristal, para poder contarme la historia con el alma queriendo saltarle de los ojos, al insondable vacío del mundo. Un rayo de luz perforó los vidrios de los lentes, haciendo brillar el contacto contra la mesa, como si un fantasma quisiera rasgar la realidad y volver del pasado para adueñarse del presente. Él sostiene siempre que los ojos son las ventanas del alma, y que hay que hablar siempre mirando fijamente, para intermediar con la otra alma que atenta nos escucha; presionó la frente sobre las cejas cubiertas por la nieve de las canas, y me dijo con la voz queriendo romperse sobre sí misma: "Vea hermano, esa mujer me volvió loco, pensé en dejar todo e irme con el circo argentino por el mundo, ella me dijo que podía empezar vendiendo globos de colores y tomando fotos de vez en cuando a los niños, sobre el lomo gris de los elefantes enmascarados, que ella me iba enseñando a volar con el tiempo, que eso se aprendía con práctica". Yo me interesé mucho por saber cómo era la mujer, qué azar de la genética y el destino lo habían hecho enmudecer hasta ese punto que rayaba casi la veneración, y lo único que me dijo es que cualquier hombre se hubiese ido con el circo a envolver el mundo entero, con tal de verla volar como un milagro entre luces y aplausos todas las noches. Yo, su hijo, me la imaginé hermosa y radiante, pues sé que es un hombre muy fuerte e incluso frío y distante, más sin embargo vi cómo esas ventanas eran empañadas por una lluvia que identifico como los recuerdos que, lejanos viajan a través del tiempo. Me dice también, que cada vez que sonaba el disco "Muchacha de circo" bebía hasta quedarse dormido, solamente para terminar topándose con ella en sueños, y que si lo consigo compra media. Cuando el circo hizo maletas y se fue, el recuerda con atroz claridad que ella, le dejó una carta con el flaco vigilante delLOTE
, y que entre muchas de las cosas que decía, una frase todavía tiene un eco singular en las cavernas de su memoria: "Vos y Támesis son lo más lindo que me llevo de Colombia", la carta estaba escrita en el reverso de un tiquete de entrada a la última función. 
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