domingo, 12 de febrero de 2017

El personero no es una persona

Dicen por ahí, una frase que parece ser de la autoría de todos los hombres y de todas las mujeres del mundo. La frase que dicen, dice lo siguiente: "La vida es sueño y los sueños, sueños son". La mejor manera de corregir la ironía del destino, la mejor manera de justificar los desvaríos sobre los que están sostenidas todas las democracias del mundo, y en especial la de Rionegro, está introducida dentro de esa frase indeleble que salió de una novela que se sustenta en el título básico y muy espiritual de "La vida es sueño". Se ha vuelto un sueño ver cumplir todas las promesas que la política lanza en sus discursos, como si se tratara de confeti, y ese confeti muy colorido a la vista, solamente calma la ira de un pueblo, hambriento de evolución y cambio verdadero. 

La piñata ha sido rota por la mitad, gracias al golpe brutal de la información, pero no sabemos qué hacer con tantas sorpresas que se nos amontonan en el suelo, y olvidamos que todo lo que brilla no es oro; los rionegreros se lanzan al piso como hormigas en huída, e intentan recoger con sus fuerzas débiles, todas las promesas más grandes, los unos se las arrebatan a los otros y los otros a los unos, las parten por la mitad como si fueran otras piñatas diminutas, y quien logra llevarse algo de valor a cuestas, es aplastado por una mano secreta que no tiene huellas datilares. Y así pasan de valer todo a no valer nada, si debemos apuñalar a alguien, lo haremos sin reparo, porque el miedo nos hace violentos. Dice uno, ya sin corazón. Otro más valiente grita y se desgarra la garganta: ¡El personero, encontré al personero!...

Todos dejan caer las sorpresas, invadidos por un sentimiento de mediocridad, se acercan en puntillas lentamente, para ver el tesoro en silencio y llorar juntos de alegría. Pero ese silencio les revela algo, se dan cuenta de que el hombre que gritó eso está ciego, sus ojos lo prometen. Lo que tiene en las manos, es un títere desgastado y con la madera húmeda, en proceso de descomposición. Todos se alejan y vuelven a lanzarse al suelo, para tomar de nuevo en sus manos, las sorpresitas, y llenarse la boca y las mejillas de confeti y volver a casa con las almas vacías pero sucios de regalos silenciadores de la verdad. Así en casa todos creerán que el mundo va de maravilla.

Pareciera que ese dichoso puesto, no pudiera ser ocupado por un ser humano, y más que un puesto, se trata de un carrusel solitario, en donde el que se monta es bajado de una sacudida fuerte, por parte de sea quien sea que empuja y hace girar la atracción. Que en mi consideración, no debe ser otra cosa que una marioneta reluciente y recién pulida, que tiene la vocación de la simpatía.

Nadie dice nada, porque si alguien dice mucho algo, lo terminan es matando, también mucho; entonces empezamos a relacionar la muerte con la opinión. Todo hay que hablarlo pasito, si se trata del gobierno del pueblo, hay que escribirlo en una servilleta en código y después introducirla al fondo de lo que sobró del café, y que una mujer la selle con un beso para que se camufle. No importa que nuestra dignidad esté en juego, no importa que estén viendo en nuestra cara, la máscara de un bufón. Que se sigan burlando del pueblo, que lo vendan; mientras todavía haya confeti, piñatas y marionetas. Porque eso parece ser lo que nos gusta y seduce, el circo.

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