Me levanto de la cama, como flotando entre las nubes.
Mi esqueleto apenas se pone en pie, recibe todo el terrible peso del ser.
Y en mi corazón florece, una rosa que nunca tuve.
El tiempo se diluye.
Respiro, y se evapora el camino que sigo.
Mis pies ya han abandonado su papel de testigos.
Y al aire le escucho decir que todo se trata de un eterno olvido.
El mundo para de girar y mi mar empieza a variar.
Me ahoga.
Me va tragando, como el ritmo de un tango que nunca ha de parar.
Me voy de mí, conmigo.
Imposible deshacerme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario