Toda declaración, nace de una duda. Todo hombre común y corriente es en sí mismo, un árbol de dudas. Maduramos efectivamente, con las preguntas donde, el principal receptor, somos nosotros mismos. Es decir, hablamos solos. Cae una duda de la rama más delgada: la existencia. Y cae la duda y caemos nosotros; en el suelo, heridos, nos encontramos con ella. Y la herida será la cicatriz de esa respuesta y toda cicatriz es tejida por la luna, quiere decir que la noche responde. No se trata de un acto imparcial, como lo he dicho muchas veces, es un movimiento hereditario, natural. Existimos seres sellados con la huella ardiente del insomnio. Todo movimiento significa temor a quedarse en el mismo sitio. La noche es una laguna de temores y nos lavamos los pies en esta laguna. La noche no permite movimiento. Eso precisamente, es lo que la hace hermosa, la quietud, la breve danza milimétrica de las sombras.
"Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible, que podemos mirarlo como a una criatura oscura, tanto más ajena a nosotros, cuanto más cerca la sentimos".
martes, 24 de enero de 2017
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