Uno solo recuerda las cosas que se merece. Nada que no nos haya pertenecido, se mantiene en nuestra memoria, las emociones que verdaderamente han sido nuestras van y regresan en una bellísima travesía de tiempo y distancia. La memoria es una gran galería de fotografías inmortales, y a menudo, en las noches, hacemos paseos solitarios por esa bóveda de luces rojas y vemos colgadas en los alambres, las imágenes reveladas y omnipresentes, todavía goteando agua: ¿Hace cuánto fue eso?, nos preguntamos. Miramos el reloj y tantas respuestas nos parecen inconcebibles.
"Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible, que podemos mirarlo como a una criatura oscura, tanto más ajena a nosotros, cuanto más cerca la sentimos".
viernes, 28 de abril de 2017
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