Ayer, en horas de la noche, me picó el intrigante pero casi siempre, oportuno, bicho de la curiosidad. En base a la vista de un vídeo en donde mi alma se asqueó al punto de escribir al respecto. Se trataba de una jovencita de un colegio, defendiendo con todo lo que tenía: gritos, sollozos, sus manos y sus dos piernas, la carreta de aguacates de su papá. El hombre era reducido por un puñado de policías. Mientras la jovencita gritaba casi hasta romperse la garganta, que alguien ayudara a su papá, por favor. Tiraron la carreta al suelo y los aguacates rodaron por toda la calle, la mayoría se echaron a perder embarrándose en el cemento. Otro puñado de hombres, ciudadanos comunes pero valientes, defendía el humilde pero digno trabajo del hombre. Propinando insultos de reencor y asco a los policías. Cosa que no sirvió de mucho, pues lo subieron a un camión como un perro sin dueño, dejando a su hija bañada en llanto defendiendo lo que quizás, para su padre y ella, era una pequeña fábrica de deseos, que gracias a dos llantas viejas y unas cuantas tablas, seguramente permitía que la jovencita comprara el uniforme que tenía puesto. No hay que generalizar, pero si de este tipo de actos de carácter inhumano, se trata el popular y criticado y mal llamado Nuevo Código Nacional de Policía, creo que antes habría de haberse creado, para estos energúmenos, un correspondiente Nuevo Código Nacional de Ética.
PD: El vídeo ronda por la red, pero me resulta tan degradante y repulsivo, que no deseo tenerlo que ver por segunda vez.
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