1.
Papá quería ser marinero, papá quería ser piloto, papa quería ser pintor. Hoy, no es nada, hoy es mi padre y tal vez eso sea demasiado o muy poco. El rostro lo tiene cubierto de arrugas, que parecen cicatrices de un destino que todavía hoy no consigue descifrar y al que yo le guardo un temor inmenso. No me escucha y todo lo ha olvidado. Yo tampoco le escucho y lo olvido a él y me olvido a mí. Siempre cuenta las mismas historias y yo completo las frases. Somos un círculo perpetuo.
2.
Le gusta también, descoser viejas heridas. Se tropieza con el viento y necesita lentes para verme. El fantasma de la muerte va tomando forma en sus carnes. Me desespera imaginar su ausencia y detesto la crueldad de la vida. Papá sonríe.
3.
Mamá guarda silencio, mientras papá gusta de vociferar y pedir una cuchara. Todo esto se graba en mi memoria. Enseño en clase un dibujo que no es mío, la maestra me admira y dice que seré pintor. El dibujo lo pintó papá, es Cristo siendo bautizado por Juan El Bautista.
4.
Huyo de mí mismo y me tropiezo con mi niño interior. Me mira asombrado. De una neblina se forma un piano y, empiezo a tocar sin saber nada. Me entero de que soy un fantasma que ha ignorado la caducidad. El fantasma de un cuadro sin nombre.
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